El sistema reproductor masculino está
compuesto por los órganos genitales del hombre, que son:
Los testículos (Figuras 8 y 9) o gónadas masculinas
se encuentran en las bolsas escrotales y, al igual que los ovarios,
son estimulados por las hormonas FSH y LH, que se producen en la hipófisis.
La FSH estimula la producción de espermatozoides y la LH la
liberación de testosterona que es la principal hormona masculina.
La próstata (Figura 8), es la glándula dónde
se produce la mayor parte del fluido seminal el que, al juntarse con
los espermatozoides que vienen del testículo por el conducto
deferente constituyen el semen que puede ser eyaculado al exterior
a través del pene.
El pene (Figura 8), órgano que, ante el estímulo
del sistema nervioso, se llena de sangre y sé erecta para poder
penetrar en la vagina en la relación sexual. Al interior del
pene está la uretra (Figura 8), conducto de salida de la orina
desde la vejiga, el cual al momento de la eyaculación, permite
la salida del semen al exterior.
En el hombre, la producción de espermatozoides
es un proceso continuo que se inicia con la pubertad y que se mantiene
a través de toda la vida en forma de ciclos de aproximadamente
setenta días. Vale decir, el testículo es como una fábrica
de espermatozoides cuya línea de producción demora setenta
días, al cabo de los cuales una población completamente
nueva de espermatozoides está disponible.
Cuando el hombre alcanza el orgasmo los espermatozoides
se mezclan con el líquido que se produce principalmente en la
próstata constituyéndose el semen que es eyaculado a través
de la uretra, hacia el exterior. Normalmente el eyaculado tiene un volumen
superior a los 2cc y en él debe haber un recuento superior a
los 20.000.000 de espermatozoides por cc, de manera que, al menos se
depositan 40.000.000 de espermatozoides en el fondo de la vagina en
cada relación sexual.
Cuando una relación sexual tiene lugar en el
período fértil de la mujer, los espermatozoides eyaculados
en la vagina, se mezclan con el moco cervical, de ellos no más
del 30% tienen la potencialidad de sobrevivir. Luego unos pocos millones
atravesarán el cuello del útero y viajarán al encuentro
del óvulo, para finalmente llegar a la porción final de
la trompa sólo cientos de espermatozoides siendo uno de ellos
el que penetrará el óvulo en el proceso de la fecundación.
Los espermatozoides producidos por el testículo
contienen sólo la mitad de la información genética
(23 cromosomas) que tienen las otras células del cuerpo. Así
están preparados para entregar su información genética
al interior del óvulo, el cual, a su vez, también posee
la mitad de los cromosomas que cualquier célula corporal. De
esta manera la unión de ambas mitades dará origen a un
nuevo ser.
Durante su viaje desde la vagina a la trompa de Falopio,
los espermatozoides experimentan una serie de cambios estructurales
y funcionales en su esqueleto, que les permitirán fusionar sus
cubiertas con las del óvulo y penetrarlo para que los cromosomas
aportados por el hombre se enfrenten con los que aporta la mujer y luego
se produzca la expresión de la información genética
contenida en ellos.
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