Cuando la mujer llega a los cuarenta, casi sin darse cuenta su cuerpo empieza a cambiar. Lentamente, se acerca el momento en que los ovarios dejarán de producir óvulos y con esto se marca el fin la vida reproductiva y el desarrollo de la hormona denominada estrógeno.
El estrógeno es una hormona sexual cuyo objetivo primordial es dar a la mujer sus características femeninas. En la medida que la producción de óvulos disminuye, también se reduce esta hormona lo que, en la mayoría de las mujeres, provoca una serie de trastornos psicológicos y físicos, que pueden llegar a afectar en forma negativa la calidad de vida y la salud.
En el área afectiva y por la falta de estrógeno, las pacientes pueden sentir trastornos del ánimo, irritabilidad, tendencia al llanto fácil y estigmas de depresión. La deficiencia de estrógenos provoca además una serie de trastornos en el aparato genital de la mujer: atrofia de las paredes vaginales, falta de lubricación vaginal, incontinencia urinaria y el descenso de los genitales, conocido como prolapso. Todo esto, altera la calidad de vida.
Desde el punto de vista psicológico, el fin de la maternidad en algunas mujeres, tiene consecuencias psicológicas negativas, independiente de que su problemática de fertilidad haya estado resuelto muchos años antes: es distinto no querer a no poder. También, algunas mujeres tienen temor respecto a posibles cambios en su sexualidad al entrar en la menopausia.
La llegada del climaterio provoca bochornos y crisis de transpiración, principalmente nocturnos. Incluso, aumenta en forma muy importante el riesgo de enfermarse del corazón, casi igualando al riesgo del hombre. También los huesos comienzan a perder calcio, lo que se traduce en menor densidad ósea (huesos porosos), conocido como osteoporosis, y es lo que facilita el riesgo de fractura de cadera y vértebras.
Con un adecuado y activo manejo médico y psicológico, en aquéllas que lo requieran, se logra un control importante de los riesgos de salud que se asocian a la carencia estrogénica.
Tan importante como lo anterior, es hacer entender a nuestras pacientes que ésta es una etapa más en el ciclo vital de una mujer, que no tiene por qué ser el inicio del deterioro. Por el contrario, puede ser una etapa extraordinaria si se enfrenta en forma positiva.
Las mujeres de 50 años son mujeres más seguras de sí mismas, con más tiempo libre, lo que por cierto, nos permite crear una oportunidad maravillosa de integrarlas a distintas actividades que las hagan sentir más plenas y felices. Pero también deben entender que para mantener la calidad de vida requieren de un manejo activo por un equipo multidisciplinario de su menopausia.
Cuando se junta una paciente en la menopausia, pero con una visión positiva con un equipo de profesionales dedicados fuertemente al tema del climaterio, se logran mujeres sanas felices y que pueden transformar esta etapa en una de las mejores de sus vidas.
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