A.- El sentimiento de no poder despegarse de las imágenes y sensaciones vividas. La preocupación constante de que va a
volver a pasar (angustia anticipatoria). Mal dormir. Reacciones físicas como ahogos, taquicardia, sensación de temblor
interno.
B.- Aumento de la activación: hipervigilancia, hiperalerta. Irritabilidad, cambios de genio.
C.- Conductas de bloqueo emocional o evitación, como pasividad, aislamiento, pérdida de interés en situaciones cotidianas.
Este conjunto de malestares corresponden al estrés agudo “normal” ante catástrofes de la intensidad de la recién vivida.
Las personas debieran saber que estos malestares si bien son desesperantes ocurren en un cuerpo sano y son provocados por la activación del sistema nervioso autónomo.
Dicho de otra manera la situación se vive con desesperación pero no representa gravedad del punto de vista médico.
Resulta frecuente que nuestro sistema interno de alarma al quedar activado tenga “distorsiones o errores” en la percepción
de la realidad.
Es por ello recomendable que las personas “no crean todo lo que piensan”. Mientras están en esta situación de estrés es
necesario retomar un análisis sensato de la realidad sin conductas extremas (como por ejemplo, correr a abastecerse de
alimentación o bencina) en particular los grupos de lugares distintos a los siniestrados.
Después del impacto las soluciones de orden colectivo y solidario resultan las más eficientes.
Si nos corresponde convivir con personas intensamente afectadas emocionalmente podemos ayudar a disminuir los
síntomas y acompañarlos “contagiando calma”:
l.- Entregarle tiempo suficiente y permanecer con ella.
ll.- Es recomendable durante estos días realizar ejercicio físico suave por ejemplo, caminar 30 minutos dos veces al día.
lll.- Los ejercicios de relajación son recomendables y se sugiere dos a tres veces al día realizar 5 minutos de respiración
abdominal profunda (tomar aire profundamente por la nariz y botando el aire lentamente por la boca).
lV.- También algunos relajantes naturales (yerbas tales como: pasiflora, toronjil o melisa) o leche tibia con azúcar antes de
dormir pueden colaborar a un buen descanso.
V.- El desvío de atención, a través, de retomar las tareas cotidianas o de solidaridad activa facilitan la reinserción a la
realidad normal (se sugiere limitar el tiempo de ver televisión a no más de dos horas al día en las personas vulnerables a la
ansiedad).
En un perfil temporal la sintomatología tiende a reducirse gradualmente en el curso de los primeros 15 días.
Para el subgrupo de personas que son más vulnerables, la conversación con su médico general puede orientarlo a un
médico especialista en los casos en que existan trastornos de ansiedad de mayor complejidad.