El 60% de las parejas que tiene algún problema de fertilidad logra embarazarse con un tratamiento de baja complejidad, como la estimulación de la ovulación y la inseminación artificial. La gran ventaja de estos procedimientos es que son poco invasivos y más sencillos de realizar.
Artículo publicado en la revista Vivir Más en Julio de 2008
La familia de Evangelina Perot (32) está creciendo. A sus hijas Ruthy y Micaela, de 5 y 2 años, pronto se sumará Matías, que nacerá en los primeros días de agosto. “Siempre he soñado con tener una familia grande. Con mi marido hemos deseado mucho a nuestros hijos y, como nos ha costado más que al resto embarazarnos, cada vez que tenemos uno, es una enorme alegría”, dice Evangelina.
Evangelina tiene ovarios poliquísticos y no ovula por sí sola, por lo que no conseguía un embarazo en forma natural. Pero gracias a la estimulación de la ovulación, una técnica de fertilidad de baja complejidad en la que se utilizan hormonas para conseguir una mayor cantidad de óvulos, el sueño de Evangelina de tener una familia grande se ha ido cumpliendo.
Según estadísticas de medicina reproductiva, entre el 10% y el 15% de las parejas tiene algún problema de infertilidad. Se considera que una pareja es infértil cuando al cabo de un año de intentar un embarazo, no lo ha conseguido o, bien, ha tenido repetidas pérdidas.
Para que un embarazo se produzca es necesario que se den en forma armónica un conjunto de condiciones: órganos genitales normales, disponibilidad de óvulos y espermatozoides normales y capaces de migrar eficientemente al encuentro del óvulo. Además, que se den las condiciones para que se produzca la fecundación y que, una vez que se forme un embrión, éste se implante en el endometrio. La falla o dificultad en cualquiera de estos pasos, ya sea por alteraciones de los órganos reproductivos o de la cantidad, calidad y función de los gametos, constituyen causa de infertilidad, según el equipo de la unidad de medicina reproductiva de CLC.
El estudio de la pareja
El tratamiento de la infertilidad comienza con el estudio de la pareja para buscar las posibles causas, las que pueden ser femeninas, masculinas o mixtas. El estudio se lleva a cabo durante un ciclo menstrual femenino: a la mujer se le realizan pruebas hormonales, seguimientos ecográficos y mediciones de la reserva ovárica. A los hombres se les hacen pruebas de funcionamiento y un espermiograma para analizar el semen.
Una vez que se conoce la causa de la infertilidad, el médico propone alternativas de tratamiento para esa pareja y entrega información de la probabilidad de éxito. Los tratamientos de medicina reproductiva se dividen en dos grandes grupos: de baja y alta complejidad. En el primero se intenta mejorar las condiciones para que los óvulos y espermatozoides se encuentren durante el periodo fértil y se produzca la fecundación, que ocurre dentro del aparato reproductor femenino y no en el laboratorio, como sucede en los tratamientos de alta complejidad, como la fecundación in vitro. “Los tratamientos de baja complejidad son menos invasivos, requieren menos apoyo tecnológico y son más fáciles de realizar.
En general, se calcula que el 60% de las parejas a las que se le diagnostica infertilidad puede embarazarse con un tratamiento de baja complejidad”, explica el doctor Pablo Arriagada, ginecólogo de la unidad de medicina reproductiva de CLC. Estos tratamientos están indicados cuando hay alteraciones leves o moderadas del semen, cambios en el cuello del útero que dificultan el paso de los espermios o alteraciones en la ovulación, como en el caso de Evangelina.
Intentando ser papás
Evangelina, que es argentina y vive desde hace cuatro años en Chile, dice que embarazarse de su primera hija le tomó un año de sucesivos intentos en una clínica de fertilidad en su país. Su segundo y tercer embarazo, ambos en Chile con ayuda de Clínica Las Condes, demoraron menos tiempo: seis meses y un mes, respectivamente.
“Cuando tienes algún problema para embarazarte, sientes miedo de que no resulte el tratamiento y quedes con una frustración inmensa. Ese miedo fue tremendo la primera vez, porque estaba muy nerviosa y mi médico en Argentina era más frío. Pero en los siguientes intentos, aquí en Santiago, el equipo de médicos que me atendió en la clínica me dio mucha fuerza y confianza. Además, ya tenía certeza de que con un poco de ayuda, mi cuerpo era capaz de generar un embarazo”, dice Evangelina.
Normalmente, cuando se planifica un tratamiento de baja complejidad, los médicos le dicen a la pareja que se planifique para cuatro o seis intentos. “Lo más probable es que no resulte la primera vez, teniendo en cuenta que en condiciones normales sólo una de cada cinco parejas logra embarazarse al mes. El rendimiento de los tratamientos de baja complejidad es un poco más bajo que el que se da en condiciones normales, asumiendo que uno está corrigiendo problemas de parejas infértiles”, explica el doctor Arriagada.
El tratamiento se lleva a cabo siguiendo el ciclo menstrual femenino, a partir del primer o segundo día de menstruación. En ese momento, la mujer comienza a recibir hormonas (pastillas o inyecciones) para estimular la ovulación.
Evangelina usó inyecciones y llegó a tener tal práctica, que ella misma se las ponía todas las mañanas. En forma paralela, cada tres días debía realizarse una ecografía, lo que permite hacer un seguimiento de los folículos y óvulos y así determinar el momento exacto en que se produce la ovulación.
Cuando eso ocurre, la pareja tiene dos alternativas y la decisión se toma de acuerdo al criterio médico y a la opción personal de cada pareja. Una alternativa es que tengan relaciones sexuales en su casa. La otra es practicar una inseminación intrauterina: el marido entrega una muestra de semen y en el laboratorio se seleccionan los espermatozoides con mejor movilidad. Ese mismo día, se introducen en el útero de la mujer en un procedimiento ambulatorio e indoloro.
La ventaja de la inseminación es que al seleccionar a los espermios capaces y adelantarles un poco el camino hacia el óvulo aumenta la probabilidad de embarazo. Dos semanas después, se puede saber si la mujer está embarazada. “Cuando conseguí un embarazo por tercera vez estaba feliz. Me sentí una campeona”, dice Evangelina.
La fecundación in vitro
En los tratamientos de alta complejidad, la fecundación se lleva a cabo en el laboratorio. En la fecundación in vitro los óvulos y espermatozoides se incuban juntos en condiciones controladas hasta que se produce la fecundación. En el ICSI (Inyección Intra Citoplasmática de Espermatozoide) el espermatozoide es inyectado en el óvulo para inducir la fecundación.
Se recurre a estos tratamientos cuando hay alteraciones severas de los espermatozoides o alteraciones en la cantidad, calidad o la función de los óvulos, que no se puedan suplir con las técnicas de baja complejidad, o alteraciones anatómicas de las trompas.
Claudia Vicente (40) había dado por perdida su posibilidad de ser mamá, ya que tenía numerosas alteraciones anatómicas: quistes en los ovarios, miomas y endometriosis. Hasta que conoció a su marido, Rodrigo Vargas, con quien se casó hace dos años. Él la convenció que recurrieran a la medicina reproductiva.
Fue así como Claudia se realizó un ICSI. “Cuando quedas embarazada naturalmente, nunca sabes exactamente en qué momento sucede. Pero con un embarazo con técnicas de reproducción asistida, tienes conciencia del instante en que te trasladan una vida al útero. Mi marido y yo estábamos juntos en el pabellón cuando el doctor hizo la transferencia de dos embriones. Se nos llenaron los ojos de lágrimas. El 3 de septiembre pasado me embaracé de Andrés”, dice Claudia con su hijo, de tres semanas, en brazos.