La esclerosis múltiple (EM) es un trastorno neurológico frecuente diagnosticado en adultos jóvenes. Aún no se conocen sus causas, pero se sigue investigando intensamente buscando los mecanismos de esta enfermedad. Actualmente, la enfermedad no se puede curar o prevenir, pero se dispone de tratamientos para reducir la severidad y el avance del defecto neurológico.
No es una enfermedad infecciosa, por lo tanto, no es transmisible y además no acorta la expectativa de vida de las personas que sufren esta patología. En etapas tardías de la enfermedad, una complicación frecuente son las infecciones, las que pueden ser tratadas efectivamente si se diagnostican a tiempo. Esto reafirma la importancia de los controles médicos regulares.
La EM puede atacar cualquier parte del sistema nervioso central, tanto en el cerebro como en la médula espinal. Esta enfermedad daña la sustancia aislante y protectora de las fibras nerviosas (conocida como “mielina”, que rodea la fibra nerviosa, la que a su vez se conoce como “axón”). Por esto, los mensajes desde y hacia el cerebro y médula espinal pueden bloquearse o reducirse y afectar alguna función neurológica específica (motora, sensitiva, etc.)
La EM afecta variablemente a las distintas personas. Algunas pueden tener varios episodios (brotes clínicos) de síntomas neurológicos en un corto tiempo, ser muy espaciados en el tiempo. La probabilidad de que queden secuelas posterior a un brote clínico también es muy variable.
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